Un ramo de mimos rojos

Ya sé que parezco tonto. Más bien diría atontado, sí atontado por el golpe que aplicó Usted justo en el mentón, un knock out perfecto. Si bien Usted es muy buena en el ring y es conocida su tremenda pegada, debo reconocer que no la vi venir y, lo que es peor, ahora no sé adónde ir, todo esto por el brutal efecto de su impacto, que si bien fue en la parte baja de la cara, me ha dejado el corazón a la miseria.

Estoy tratando de comunicarme con Sabina ¡¡ eh, Sabina!! A ver que me explique cómo hizo para superar todo un mambo amoroso en sólo 19 días. Yo llevo ya casi treinta y el asunto va de mal en peor, sin contar que aún tengo que pasar las quinientas noches que madre mía si son largas; uno se toma todas las pastillas, hasta las vencidas, como para dormir tres días, para despertar en otra parte y poder tirarse en la reposera a esperar su llegada, convencido que todo fue un sueño, pero no, no, no y no. A eso de las tres de la mañana Morfeo se pone haragán y le deja su lugar.

En medio de la oscuridad, Usted se presenta de brazos abiertos, risa generosa y un “hola amore” que va cambiando de ropa y de zapatos, de poses y de lugares, de olores y sabores hasta que lo logra, me desvela completamente y vuelvo a caer en esto de que me ha dejado sin remedio.

¿Es que no es posible una tregua, un vamos por otra vuelta, un a pesar de ser un tonto voy a volver contigo porque te amo y no te puedo ver hecho un montón de hilachas somnolientas cada día?

¿Sabe? siguiendo con los españoles poetas y cantores, el Noi de Poble Sec dice por ahí que no hay nada más bello que lo nunca he tenido. Yo le creí siempre al muy ladino, sin embargo todo es mentira, decididamente mentira, la verdad es que no hay nada más bello que lo que antes tenía, pudiendo compartir solamente la continuación del canto cuando dice nada más amado que lo que perdí.

El punto es que Usted se presenta por las noches a despertarme, a invitarme un boleto gratis de paseo por su hermosura, a desearla de manera escandalosa e invitarla a compartir un lugar en donde more la luna, en donde nos mezclemos con arena y sal marina, en donde se pueda quedar meditando acurrucados por todo el tiempo que quiera y yo acepto todo eso hasta que advierto que es sólo la ilusión lo que ha quedado.

Ahora, ya de manera firme ¿no aceptaría que la ame? Y en tal caso ¿no volvería Usted a amarme como si no fuera un retonto de aquellos?

Tengo aquí un ramo de mimos rojos que cuando la vean se harán flores para dejarle los mimos a mis manos, sólo es necesario que abra esa puerta otra vez, que la luz lo inunde todo, que su piel me deje contarle las pecas de la espalda y que la luna no nos abandone nunca más. Todo esto por la razón más importante de todo cuanto se le ocurra, porque la amo.

2 comentarios sobre “Un ramo de mimos rojos

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